jueves, 23 de septiembre de 2010

EXTREMO ES MOSTRAR UNA VIDA EXTREMA

En tiempo de crisis, se hace negocio hasta con la pobreza.
En la actualidad existe un sinfín de programas que han cogido una tendencia populista y amarilla que degradan y desmerecen a la producción de la televisión nacional. Uno de estos programas es el ya rankeado “Vidas Extremas”  que con la transmisión de la desgracia que viven algunas personas ha sabido colocarse en uno de los primeros puestos del ranking de programación.
“Vidas Extremas” programa producido y conducido por Álamo Pérez Luna se inició en un primer momento hace casi dos años con el nombre de “Fuego Cruzado” tratando de hacer un recalco o “remember” de lo que fue dicho programa conducido años atrás por Mariela Balbi y que en la actualidad no es más que eso: un recuerdo. Ya que los intentos de Pérez Luna no llegaron a las expectativas, tanto es así que tuvo que replantear la estructura de su programa y hacer de un solo bloque toda su programación: “Vidas Extremas”.
En este programa muestran la dura realidad que vive la gente en algunas zonas del país. Invitan a personajes de la farándula quienes por unos días vivirán con dichas personas y se buscarán el pan de la misma forma en que ellos lo hacen. Transcurrido esos días, buscan auspiciadores para obtener donaciones “ayudar” a los protagonistas de su vida extrema.
Apelar a la ayuda, la solidaridad y colaboración con la que dicen trabajar Mariella Patriux, Pérez Luna y su producción es muy cómodo. Sin embargo, veamos la realidad señores. Las personas que ofrecen toda esa “ayuda” no son más que empresarios que buscan publicidad, dueños de negocios que a cambio de unos soles o muestra de su producción se promocionan en ese programa y ganan puntos a su favor.
Pero esa es la televisión, así trabajan los productores, hay que vender y para vender también hay que ofrecer lo que la gente quiere, lo que el público pide y “Vidas Extremas” no vende ayuda señores, lo que ese programa vende es satisfacción por morbo, el morbo de saber del sufrimiento ajeno y ver cómo los faranduleros padecen por unos días y se escapan de sus excitantes rutinas para formar parte del dolor de los otros.
Sí es muy divertido ver a una Tula rodríguez o a un Brad Pizza escudriñando en la basura o dándole de comer a los chanchos para que la gente a la que “ayudan” se llene los bolsillos de esperanza, pero me pregunto y qué pasa con la dignidad de esa gente; qué pasa con su pudor, con la vergüenza de mostrar su dolor, su extrema pobreza o su rudo trabajo.
Tal vez eso no importe mucho al momento de saber que después de que invadan su rutina con unos cables y unas cámaras se sentirán reconfortados con todas las donaciones que la producción ha buscado y encontrado para ellos.
Es bueno saber que existe gente en este país y tal vez en todo el mundo que ayuda a los otros, a los más necesitados a aquellos que no pueden comer más que un pan o compartir un té. Qué bueno y bienaventurados sean todos aquellos que ven a Cristo o se gozan con el regocijo de los más pobres, aquellos que brindan esperanzas y dan muestras de amor y fe. Y sobre todo aquellos que no lucran con el dolor de la gente, que no venden el sufrimiento ajeno y hacen parte de ello a personajes que gracias a su imagen atraerán más ganancias para sí.


Por:
Esther Dávila.

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